Emociones en el Aula:¿El Nuevo Paracaídas de la Enseñanza, o Solo Otro 'Plan de Clase' que se queda en el Tintero?
- José Angel Pernett C.
- hace 5 días
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La Ley 2503 del 28 de julio de 2025 establece la Educación Emocional como una cátedra obligatoria. Esta ley fue sancionada en el marco de las intervenciones y alertas que la presidencia de la República ha hecho sobre la salud mental de los colombianos.
La implementación de esta ley puede tener potenciales beneficios, pero también plantea ciertos riesgos y desafíos, especialmente considerando los fracasos de intentos anteriores en integrar la educación emocional en los currículos escolares. No hemos encontrado muchas evaluaciones sobre programas de implementación de educación emocional, pero sí muchas opiniones de maestros y maestras del magisterio, así como de directivos docentes de instituciones educativas; la reflexión nos deja emocionalmente preocupados.
Sobre una pequeña muestra, veamos que se ha hecho y se ha dicho:
En Bogotá, el Programa de Educación Emocional "Convivencia y Ciudadanía" implementado para enseñar habilidades socioemocionales que permitan a los estudiantes convivir pacificamente, resolver conflictos de manera constructiva y ejercer una ciudadanía activa y responsable, ha enfrentado dificultades. Muchos docentes dicen no tener la capacitación adecuada para llevar a cabo el programa de manera efectiva y han habido quejas sobre la falta de recursos y materiales didácticos.
La Red Nacional de Educación Emocional (RNEE), que promueve la educación emocional, ha tropezado con el hecho de que a los colegios se les dificulta su implementación debido a que la capacitación y los recursos ofrecidos no son fácilmente accesibles y, además, son muy poco prácticos.
En Antioquia, algunas comunas se las arreglan con el Programa "Escuela para Padres", que promociona la educación emocional y la comunicación efectiva entre padres e hijos. Sin embargo, la participación es muy precaria, debido a la falta de interés o tiempo, lo que refleja una resistencia cultural [1].
En el Departamento del Atlántico, nos comentaba una docente del Semillero de Investigación Emoción y Nación que “hemos intentado implementarla a partir de su curricularización, esto es, articularla transversalmente en el Plan de Estudio, pero al evaluar la experiencia hallamos que muchas de las actividades propuestas fueron omitidas debido a la carga académica y la falta de tiempo, mostrando la dificultad de priorizar la educación emocional en un entorno de enseñanza tradicional”.
En el Eje Cafetero, varias escuelas han implementado programas de educación emocional, pero a menudo esos programas han quedado en el papel. La falta de apoyo institucional y la escasa capacitación docente han llevado a que muchos maestros no aborden las temáticas emocionales en sus aulas, limitando la efectividad de estos programas [2].
Así mismo, el informe sobre el Programa de Convivencia y Educación Emocional en Manizales, menciona las barreras encontradas en la puesta en marcha de estrategias emocionales en escuelas, como la falta de tiempo y recursos 3.
En San Andrés Isla, un estudio que documenta varias iniciativas de educación emocional impulsadas por ONG y otros actores, especialmente tras largas tensiones sociales y conflictos en la comunidad, algunos derivados de desastres naturales, destaca el acceso limitado a la capacitación y a los recursos como factores que han dificultado una implementación efectiva y sostenible de la educación emocional 4.
En Cali y Palmira, la implementación de la educación emocional ha estado marcada por diversos esfuerzos y desafíos. Cuerpo de Paz Colombia (2018) en un informe sobre la realidad educativa en Cali, menciona: "A pesar de la creciente necesidad de programas de educación emocional, muchos docentes sienten que no tienen la formación ni las herramientas necesarias para abordarlo adecuadamente en sus aulas." Y la Secretaría de Educación de Palmira (2021) el un informe sobre el estado de la educación, destaca que "la falta de recursos y materiales específicos para la educación emocional ha dificultado su integración efectiva en el currículo escolar" (p. 22). Martínez, R. (2021) en su trabajo La educación emocional en contextos vulnerables: lecciones de Cali. se refiere: "La desventaja socioeconómica de muchas familias en Cali y Palmira afecta la participación activa de los padres en programas de educación emocional, limitando el apoyo en casa que es crucial para el éxito de estas iniciativas" (p. 27). De igual modo, el Observatorio de Educación de Cali y Palmira (2020). En un análisis sobre los programas educativos, indica: "Los altos índices de violencia y problemas socioeconómicos en algunas comunidades de Cali y Palmira impactan negativamente en la receptividad y efectividad de los programas de educación emocional" (p. 50).
En resúmen, falta de capacitacitación, precariedad en los recursos, currículos sobrecargados, disparidad en la implementación en zonas urbanas y rurales, la resistencia cultural y el escaso seguimiento y evaluación de programas son algunos de los desafíos administrativos respecto de la Cátedra Obligatoria.
Pero hay otros desafíos. Estos tienen que ver con el fracaso de otras cátedras implementadas igualmente por leyes o decretos, como por ejempo: la Cátedra Bolivariana, Cátedra de Páz, Cátedra Humboldt, Cátedra de Educación Sexual, Cátedra de Derechos Humanos, Cátedra de cultura ciudadana, Cátedra de género, Cátedra de éxito, y otras tantas que han fracasado en su intento.
Ahora bien, la ley 2503 de 2025 define la educación emocional en el artículo 2°, como “un proceso educativo, intencional, continuo y permanente, que complementa el desarrollo cognitivo”. Entender esta definición, tal como está escrita en la ley, lleva a suponer que la educación emocional y el desarrollo cognitivo operan en dominios separados; de hecho algunas teorías sugieren que por sus objetivos, deben ser abordados separadamente (Daniel Goleman, Howard Gardner).
Para mayor claridad, significa que las habilidades emocionales y las habilidades intelectuales se desarrollan de manera independiente, aunque ambas resulten importantes para el aprendizaje y el bienestar. La educación emocional se centra en cómo entender y gestionar las emociones, mientras que el desarrollo cognitivo se refiere a las capacidades intelectuales, como por ejemplo el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Aunque estas dos áreas pueden influirse mutuamente, cada una tiene sus características y procesos únicos.
La concepción de que la educación emocional simplemente "complementa" el desarrollo cognitivo puede ser vista como una simplificación excesiva de las complejidades del aprendizaje. La interacción entre emoción y cognición es compleja y no siempre se puede categorizar como un complemento.
Sin embargo, este no es el único problema sobre el que quiero advertir. Abordar la educación desde la complementariedad podría conllevar a un énfasis excesivo en la educación emocional y desviar la atención sobre áreas cruciales para el desarrollo cognitivo como las matemáticas y la ciencia, que son fundamentales en el currículo educativo. Se corre el peligro de que se trate como “otra materia”, asunto delicado, toda vez que existen dificultades en la medición y evaluación de las competencias emocionales en comparación con las cognitivas. Las habilidades cognitivas pueden ser evaluadas a través de exámenes estandarizados y otros métodos cuantificables, lo que proporciona un marco claro para su análisis. En cambio, las habilidades emocionales a menudo carecen de métricas claras y objetivas que permitirían a los educadores demostrar su impacto de manera efectiva. Sin una evaluación rigurosa, se puede cuestionar la real efectividad de la educación emocional como complemento del desarrollo cognitivo.
Al respecto, estamos en medio de una explosión en las redes sociales y apoyados en la IA (Inteligencia Artificial) de ofertas de planes de aulas, programas, herramientas administrativas docentes, estándares curriculares, ejercicios prácticos, pruebas de evaluacion, listas para ser utilizadas sin ninguna reflexión sobre ellas ni sobre su práctica docente. Es la presencia de todo aquello que, en la década de finales de los setenta y primera mitad de los ochenta, el Movimiento Pedagógico denominó “currículo a prueba de maestros”, con la diferencia que hoy no lo impone el MEN, sino que lo permite el facilismo de maestros y maestras que no reconocen en la pedagogía la herramienta fundamental ni su disciplina fundante. En aquel momento, el Movimiento Pedagógico ejercía su crítica a la tecnología educativa y el diseño instruccional (TEYDI) fundamentados en enfoques taylorianos en la educación, y en el desconocimiento de las particularidades culturales de las regiones colombianas.
La noción de educación emocional es culturalmente sensible y puede variar significativamente de un contexto social y cultural a otro. Lo que se considera una habilidad emocional esencial en una cultura puede no serlo en otra, y esto pone en entredicho el valor de un enfoque único de la educación emocional.
Por último, la noción de que la educación emocional es un requisito complementario para el desarrollo cognitivo puede simplificar en exceso las complejidades del proceso educativo. La interacción entre emoción y cognición es multifacética y no se puede clasificar de manera binaria como un mero complemento. Cada estudiante tiene su propio estilo de aprendizaje, y su desarrollo puede influenciarse de múltiples formas, algunas de las cuales no necesariamente involucran un enfoque explícito en la educación emocional.
Citas:
Martínez, R., & Silva, J. (2022). "Barreras en la implementación de la educación emocional en Colombia: El caso de Antioquia". Revista de Psicología Educativa, 12(3), 215-230. Varios artículos revisan la efectividad de estos programas y abordan las barreras culturales y logísticas que se presentan en contextos como el de Antioquia.
García, J. C. (2019). Educación emocional: Un reto en las instituciones educativas del Eje Cafetero. Universidad de Caldas.
Alcaldía de Manizales. (2020). Informe de gestión del programa de convivencia escolar y educación emocional.
Galindo, R., & Durán, V. (2020). Iniciativas de educación emocional en San Andrés: Perspectivas y desafíos. Revista de Educación y Desarrollo, 19, 102-115.
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